Programas de Opinión
Ángel Álvarez: análisis del debate de ayer
Luis Christiansen: Comparación de datos recabados en 1998 y 2011 acerca de la situación económica y política en Venezuela, y cómo se ven los venezolanos a sí mismos
Aló Ciudadano (Resumen)
Ángel Álvarez
De acuerdo con Ángel Álvarez, consultor político y director de la escuela de Estudios Políticos de la UCV, ayer hubo dos debates. Uno, el de los precandidatos de la unidad y otro, inesperado, entre la cadena y el evento que se desarrolló en el Aula Magna de la UCAB.
Este segundo debate nadie lo buscó pero se dio en la práctica, pues la audiencia tuvo la oportunidad de contrastar dos formas de relacionarse con el público, dos maneras de entender la política, dos proyectos políticos distintos. Se pudo contrastar, además, la figura de un líder político agotado, con poco que ofrecer, frente a un conjunto de otros liderazgos que con sus diferencias y similitudes fueron capaces de proporcionar una alternativa distinta al país. Ese es el primer debate que hay que analizar, desde el punto de vista de Álvarez.
El segundo debate es el que se celebró entre los precandidatos. Para muchos, que andaban buscando sangre, fue quizás decepcionante, cosa que es absurda, ya que era más un espacio de coincidencias políticas, dado que todos los precandidatos forman parte de una misma organización política, que es la MUD.
La gente que forma parte de la MUD ha pasado años construyendo un proyecto que los une, que cohesiona el discurso y lo que se vio fue diferencias de énfasis entre los candidatos. Diferencias de estilo, diferencias en términos puntuales de cómo abordaron un tema específico. La diferencia en ese aspecto sería Diego Arria, que para Álvarez marcó una pauta más distante del resto de los precandidatos. Pero básicamente tuvimos la oportunidad de ver que lo que el gobierno ha dicho, de que la oposición no tiene liderazgo, es un concepto totalmente falso.
Ángel Álvarez cree que el debate de ayer fue histórico porque nunca habíamos visto un debate de candidatos integrantes de una misma organización política en Venezuela. En el país hemos visto debates entre candidatos de distintas organizaciones políticas. Por ello, resulta interesante ver que se trata de una organización política en la cual hacen vida muchas organizaciones pero al mismo tiempo hay pluralidad suficiente para expresar diferentes puntos de vista, cosa que es histórica también, pues teníamos más de 13 años sin ver un debate entre candidatos.
Ángel Álvarez cree que Pablo Pérez mostró más «imagen presidencial». Cuando se habla de imagen presidencial, la gente se imagina a una persona coherente, seria, capaz de expresar la majestad del cargo en su forma de conducirse e incluso en su aspecto físico. Costaría trabajo aceptar —inicialmente— a alguien que como presidente le falten esos atributos. De hecho, Hugo Chávez recupera esos mismos atributos que normalmente la gente tiene presente. A ese respecto, el invitado sostiene que Pablo Pérez, en su forma de expresarse, de vestir, de usar su físico y usar la pantalla, fue más convincente en términos de esa coherencia.
Otro detalle que debe considerado es el siguiente: mientras algunos precandidatos —sobre todo los que puntean las encuestas— hicieron un debate dirigido al votante medio venezolano, que no es el más radicalmente opositor, Diego Arria y María Corina Machado trataron de dirigirse al público que hipotéticamente es visto como el votante opositor, que es el que realmente va a votar en las primarias.
En ese escenario, Ángel Álvarez opina que Diego Arria tuvo la inteligencia y la habilidad para destacarse. Y en este punto es necesario recordar que, de todos los precandidatos en carrera, Arria es el que ha ocupado los cargos más altos y el más experimentado.
Algo que quedó claro ayer es que la Unidad está absolutamente consolidada. Ninguno de los precandidatos dio la más mínima impresión de que pudiera estar en un juego dirigido a quebrar la Unidad. Si alguien dudaba de que esta inversión política hecha por Venezuela para construir una alternativa seria al gobierno esté fraguando, esas dudas se disiparon ayer porque quedó claro que se hablaba un lenguaje común entre aspirantes que se ven a sí mismos como la mejor opción para llegar a la presidencia.
¿Qué hay de cierto en el impacto de los debates en la decisión final de un elector? Ángel Álvarez explicó que ese impacto depende de la cercanía a las elecciones. En una elección con márgenes amplios de diferencia entre los contendores, los debates tienen poca o ninguna influencia. En elecciones muy cerradas, con un sector del electorado cuya votación puede ser decisiva, la información en general es importante y el debate es apenas una pieza de esa información.
¿Qué se concluye del ejercicio de ayer? Para Ángel Álvarez, los precandidatos tienen que enfocarse en dos aspectos: no deben olvidar que no están compitiendo entre ellos principalmente, sino que su adversario va a ser Hugo Chávez. Tienen que mostrar no solo que son el mejor contrincante para las primarias sino, fundamentalmente, el mejor contrincante al presidente de la Republica, que es a fin de cuentas a quien se van a enfrentar.
Luis Christiansen
El director de Consultores 21, Luis Christiansen, hizo un análisis de la Venezuela de 1998, cuando Hugo Chávez ascendió al poder, y la Venezuela actual, cuando ya el presidente lleva 13 años en su cargo. Este análisis fue hecho con base en cifras obtenidas por encuestas realizadas en las dos épocas por Consultores 21. Lo primero que Luis Christiansen puntualizó es que la opacidad no está en las encuestas, como a veces se quiere hacer ver, sino en los voceros de ellas. Eso tiene mucho que ver con la información de escenarios evaluados.
El punto de partida clave es que es menester entender que, en 1998, Hugo Chávez fue elegido con un mandato claro: los venezolanos queremos que se resuelva una deuda social que se ha venido acumulando. Por esa razón resulta interesante hoy en día, 13 años después, revisar algunas variables que invitan a pensar que los asuntos inconclusos en 1998 siguen en el mismo estado en 2011.
Hace 13 años, 10% del país evaluaba positivamente la situación de Venezuela. Eso ha cambiado y hoy el 42% de los venezolanos dice que Venezuela está bien. La forma en que los venezolanos ven a su país se ha transformado, pero la evaluación positiva sigue estando por debajo del 50%.
Cuando esa misma lectura se hace en el plano personal, la situación no se ha modificado de forma importante. Hace 13 años, el 46% de los venezolanos decía que su situación personal y familiar era buena. Y ahora eso mismo lo dice el 51%. Es decir, que el país cambió con Hugo Chávez en la presidencia, pero la situación personal de los venezolanos no ha cambiado con Hugo Chávez. Lo importante de esta observación es que la deuda social tiene más que ver con la situación personal del individuo que con la situación del país. Y otro hecho: la razón principal por la que Hugo Chávez se hizo presidente sigue insatisfecha en 2011.
Así como es posible identificar este indicador, Luis Christiansen afirma que es posible identificar otros. Por ejemplo, en septiembre de 1998, cuando se definía la agenda del próximo presidente, estaba claro que los venezolanos aspiraban al desarrollo de una agenda de carácter económico: que la gestión del nuevo presidente resolviera los problemas relacionados con el empleo, el poder adquisitivo y el abastecimiento. En octubre de 2011 encontramos que, pese a que las encuestas dicen que la inseguridad está situada como el primer problema de los venezolanos, también se ve que el consolidado del desempleo, el costo de la vida y el desabastecimiento supera ampliamente los índices de inseguridad.
Dicho de otro modo: La tarea que los venezolanos querían ver resuelta en 1998 sigue estando pendiente Los venezollanos siguen diciendo que sus problemas son de carácter económico: empleo, poder adquisitivo y abastecimiento. Ahí no ha habido transformaciones importantes por cuenta de esta gestión de gobierno, en un aspecto sensible para el venezolano e íntimamente conectado con esa deuda social que sirvió de soporte para el triunfo de Hugo Chávez en 1998.
También se puede añadir un tercer indicador, conectado con el tema del empleo. En 1998, el tema del empleo tenía un grave problema en términos de calidad. Cuando se revisa la situación de empleo en los venezolanos en ese año, el 41% de los venezolanos mayores de 18 años (es decir, los venezolanos que pueden responder encuestas) tenía un empleo formal y el 59% estaba ocupado en un empleo informal.
Lo interesante es que cuando vemos la situación actual y revisamos este mismo indicador, nos encontramos con que 40% de los venezolanos mayores de 18 años están empleados en el sector formal, y el 60% están o desempleados o desempeñándose en el sector informal: una proporción muy similar a la de 1998. Estas cifras invitan a observar que los venezolanos seguimos teniendo el mismo problema.
Luis Christiansen advierte que el hilo conductor del tema que permite resolver la deuda social está conectado con el empleo. Quien tiene empleo estable resuelve su dinámica de vida. Algo interesante de ver aparece cuando uno contempla el elemento objetivo (la generación de empleo) y las iniciativas desarrolladas por el gobierno a través de las misiones. ¿Esas iniciativas apuntan a producir los empleos que faltan o a redistribuir dinero a través de distintos mecanismos?
Son iniciativas que apuntan a distribuir dinero pero no a resolver un problema estructural. Eso puede tener resultados desde el enfoque electoral. Es claro que esa conducta del gobierno pone de manifiesto que en su agenda de prioridades no está el resolver la deuda social sino mantener el poder.
Al hablar del desempleo detrás del 60% de venezolanos sin trabajo o con trabajo informal, hablamos de una cifra cercana a los 1.500.000 venezolanos que deberían tener trabajo y no lo tienen, ni siquiera en el sector informal.
Otro dato es que si se compara el crecimiento de la informalidad vs la formalidad, y nos quedamos con los que están trabajando en el sector formal, se ve que en el tiempo ha habido un cambio. En 1998, la mitad de los venezolanos estaba en el sector formal y la otra mitad, en el sector informal. Ahora el 54% está en el sector informal. Es decir, ha habido deterioro en la calidad del empleo.
Pasar del 51% de informalidad, en 1998, al 54% en 2011, es una variación que parece pequeña. Pero traducida esa cifra en gente, estamos hablando de que al menos 300.000 hogares han tenido que vivir la experiencia de tener a alguien en su familia que vive de la informalidad. Christiansen insiste en que es incompatible resolver la deuda social que existe en Venezuela sin proponerse seriamente crear empleos estables y de calidad en el país.
La ecuación es esta: tenemos una deuda social, que debe ser resuelta. Para eso, el único camino es la creación de millones de empleos. ¿Y qué condición es indispensable en el país para que eso pase? La única manera de crear empleos estables es que haya una gran participación del esfuerzo privado. Ese esfuerzo no se ve en la actualidad.
Al final se produce un círculo vicioso: un gobierno que ha introducido en su discurso un espacio para manifestar preocupación por lo social, pero al traducir eso a los hechos lo que se ve es una repartición de ayudas, que son desahogos temporales y de ningún modo soluciones estructurales. Lo que va a ocurrir es que será más evidente que lo que no estaba resuelto en 1998 sigue igual en 2011.
Hay un cuarto indicador expuesto por Luis Christiansen: la capacidad del venezolano de poder ahorrar. En 1998, ese indicador ya estaba en situación de alarma: el 24% de los venezolanos decían estar en capacidad de ahorrar algo de sus ingresos. Ese 24% hoy se ha reducido a 15%. A pesar de los enormes ingresos de Venezuela en los últimos años, son muchos menos los venezolanos con capacidad de ahorrar cada mes. El ahorro es justamente una de las palancas que permiten a los venezolanos estar mañana mejor que hoy. Si en 1998 la situación no era la más adecuada, en el 2011 esa situación ha empeorado.
¿Qué hay de la enfermedad del presidente Chávez y cómo va a influir en la contienda electoral de 2012? Hay una primera implicación que debe ser revisada: la enfermedad del presidente supone que el candidato oficialista para 2012 va a tener unas condiciones de actividad y movilidad muy diferentes a las que ha tenido en el pasado. Otra implicación digna de consideración: por el diseño de las elecciones primarias, pareciera que quien va a salir elegido va a ser un candidato joven, con mucha vitalidad.
Sumado a lo anterior, Luis Christiansen señala que debe plantearse el escenario en el que el presidente no pueda ser candidato debido a su actual estado de salud. Eso supondría modificaciones en términos de estrategia del gobierno, no solo para escoger su candidato sino para replantearse la estrategia y transferir la simbología y valores del candidato presidente a otro integrante del gobierno.
Luis Christiansen explica que cuando se piensa en la variable «intención de voto», esta es el resultado de una ecuación. Esa ecuación se compone de conocimiento (sé quién es el candidato), que el candidato me caiga bien y su capacidades. Asimismo, se deben combinar las razones por las que ese candidato me cae bien y las capacidades de él: cómo ese liderazgo contribuye a que mi vida mejore. El agrado es un componente de la ecuación, pero no el más importante. Para Luis Christiansen, el componente más importante es la capacidad del candidato a contribuir a que mi vida mejore.
En Venezuela, cuando se revisa la variable de agrado, llama la atención que no se ha encontrado ninguna variable en la que el presidente supere el 50%, al menos según las cifras obtenidas por Consultores 21. El segundo hecho es que la correlación del factor agrado con la intención de voto es más bajo que la correlación entre las capacidades del candidato y la intención de voto. Visto así, Christiansen sostiene que no es bueno asumir que agrado se traduce en intención de voto.
En este momento, a diferencia de 2006, hay tres liderazgos mejor evaluados que Hugo Chávez: Henrique Capriles Radonski, Pablo Pérez y Leopoldo Lópz. Hay un elemento de la ecuación que ha cambiado respecto al escenario de 2006: se ha pasado de un país sin liderazgos visibles a uno donde sí hay liderazgos reconocidos.
A pesar de que existe la idea de que el venezolano es una persona solidaria, la evidencia sugiere que en realidad el venezolano está pensando más en sí mismo, en términos de cómo me logro beneficiar (mi vida mejore) en un entorno que es muy agresivo. Esa es un variable clave para las elecciones, si los venezolanos logran visualizar la posibilidad de ver satisfechas sus expectativas de mejora en una opción distinta a la de Hugo Chávez.
El venezolano está en una búsqueda permanente de ver cómo logra estar mejor. Eso es una traducción de cómo logra saltar esa barrera de deuda social no desmontada en estos 13 años. En ese sentido, el elector de 2011 es diferente al elector de 2006, que de alguna manera estaba embriagado del efecto de las misiones. El elector de hoy ha descubierto que empieza a ver la realidad de nuevo. Por eso el gobierno trata de introducir de nuevo esfuerzos al estilo de las misiones, con la Gran Misión Vivienda Venezuela o la Gran Misión Agro Venezuela.
El venezolano lo que quiere es que sus problemas se resuelvan. El hecho de que sus problemas no estén resueltos aún, introduce una variable en el análisis. Hasta 2006, Hugo Chávez siempre significó renovación y futuro. Hoy en día Chávez corre el riesgo de convertirse en parte del pasado que había antes de su llegada en 1998. Esto, por el hecho de que ninguno de los candidatos de la oposición va a tener pasado político, puesto que iniciaron su vida política al mismo tiempo que Chávez. A eso hay que añadir el factor enfermedad del presidente, que viene a complicar un panorama de por sí muy complicado.
Esto nos plantea un escenario distinto al de 2006. Cualquiera de los 3 principales liderazgos de la Unidad, se va a enfrentar a Hugo Chávz en condiciones de derrotarle. A medida que el proceso de las elecciones primarias ha avanzado, el escenario está lo suficientemente abierto en términos de ventajas entre los candidatos como para que el debate sirva como información pero no como elemento de definición. El debate ayuda a informar, pero muy rara vez el voto es un acto absolutamente racional. Tiene una inmensa carga emocional y eso es el elemento decisivo.
¿Qué pasa con el grupo de los ni-ni? En opinión de Luis Christiansen, los ni-ni solo existen cuando los venezolanos se ven obligados a elegir entre Hugo Chávez y la oposición. Esa polarización no es la más importante. En cambio, cuando se le pregunta a los venezolanos si el país que quieren es el mismo que Chávez, la victoria es mucho más amplia para los venezolanos. Depende de qué polarización se plantee.
A estas alturas del juego, el director de Consultores 21 advierte que es irresponsable señalar un vencedor de las elecciones presidenciales. En cambio, es muy responsable tener claro varios elementos: las variables que componen la ecuación del escenario electoral son muy diferentes a las del año 2006. En ese año el clima en Venezuela era optimista en términos económicos. Hoy ese clima es pesimista. En 2006 no había liderazgos alternativos y actualmente sí los hay. Hoy la polarización está equilibrada, cuando en 2006 se inclinaba a favor de Hugo Chávez. Hoy, el presidente representa el statu quo y en 2006 era sinónimo de futuro. Por último, Chávez era un hombre sano en 2006; hoy en día está enfermo (Globovisión en vivo).
En la primera parte del programa se llevó a cabo una parodia del debate que anoche protagonizaron los precandidatos de la Unidad. Esa parodia fue denominada «El verdadero debate»; su moderadora fue la periodista Tania Díaz y en ella participaron Roberto Hernández Montoya, presentado como «el compositor del pito de Piñerúa» y «creador del tinoquito», Pedro Carvajalino, calificado como «un joven que tiene un sueño», «incapaz de robarles ideas a los amigos sino que se las apropia» y «tiene licencia de quinta».
Roberto Malaver fue el tercer precandidato de esta parodia. Fue presentado como «asesor internacional de comunicaciones interplanetarias», cuya actuación más destacada fue durante «la asesoría de la campaña presidencial de Henrique Salas Römer». Carola Chávez fue presentada como la cuarta precandidata: «nunca ha trabajado pero tiene muy buena intención de trabajar por el país», «no ha viajado en Metro ni en carrito por puesto ni mucho menos en el autobús del progreso».
El último candidato, Jorge Vásquez, fue presentado como «un joven atlético. Todavía es estudiante. Captado por la secta "Tradición, Familia y Propiedad" y que sufre de insomnio».
En el rol de estudiantes con preguntas estuvieron varios de los periodistas de planta de VTV, con brazaletes amarillo en sus muñecas. Tania Díaz leyó las «reglas» a los candidatos, una de las cuales fue: «El roce físico es considerado inadecuado en este debate, así como también la confrontación directa entre ustedes. No están permitidas las chuletas».
Gonzalo Chacón, periodista de VTV, se metió en el papel de estudiante, con el nombre de «Alfonzo Marín», estudiante de Especulación, mención Acaparamiento, en la Universidad Privadísima Guillermo Zuloaga. Preguntó que, si ya existían grandes misiones, cómo iban a generar más empleo.
Hernández Montoya se quejó inicialmente de su micrófono no tenía sonido. Luego hizo ademanes de rociarse el rostro con un spray que era —así dijo— de botox y, cuando intervino, dijo ser el candidato de la esperanza y del progreso («De cosas concretas, pues. ¿No? De la juventud. Del futuro. De las oportunidades para vencer la pobreza»).
Pedro Carvajalino dijo: «Yo no soy como Leopoldo, que se la pasa recurriendo a instancias internacionales para poder saldar su pago con la justicia. Yo he asumido frontalmente el tema de enfrentarse al presidente Chávez con un slogan muy sencillo: Paz, Bienestar y Progreso. A mí me parece que este régimen no es un régimen que genere empleo con calidad sino por el contrario ha generado una flojera en todo el territorio nacional. El hecho de regalar los recursos y no generar las condiciones objetivas y subjetivas de lo que debe ser un ser superior racialmente e ideológicamente, es lo que ha permitido que aquí haya una serie de personajes que están acostumbrados al subsidio de este gobierno nefasto que está acabando con la posibilidad de que una élite con grandes capacidades físicas pueda ayudar a que este pueblo salga de este…». No pudo completar su discurso, pues se le venció el minuto que se le había concedido para hablar.
Roberto Malaver dijo que lo importante no era el empleo sino la justicia, la paz y el futuro. «Lo que nosotros proponemos es precisamente eso: paz, seguridad, justicia, futuro, y el empleo es secundario (…) porque ahí radica la felicidad».
Al dar inicio a su intervención, Carola Chávez —en el papel de una anti María Corina Machado— frunció exageradamente su ceño y puso rostro de alguien a punto de llorar. Dijo que, según cifras del gobierno, 36 millones de venezolano eran buhoneros. «Yo no puedo menos que sentirme adolorida», dijo mientras fruncía más el ceño y hacía pucheros. «Adolorida, porque yo pienso más allá del arcoíris. Más allá. Al futuro. Cierren los ojos. Respiren: ohmmmmmmm. Visualicen el hermoso país que yo, yo les ofrezco con tesón, con trabajo, con lucha. Porque lo tuyo es tuyo y nadie te lo quita. Y todo lo que tengo es tuyo si por mi camino vas. Todo lo que tengo es tuyo y no sé qué más. Se me acabó el tiempo. ¿Por qué? Voy a llorar. No puedo».
Jorge Vásquez dijo ser «un venezolano acostumbrado al fascismo, acostumbrado al debate… al debate del bateador designado… Designado al fracaso». Aseguró: «Hay que execrar a esas masas negras que se incurren, que se adentran en los barrios y no permiten que la clase de alcurnia crezca». Todo esto lo dijo mientras ejecutaba movimientos exagerados de calistenia.
Una periodista de VTV, a la que se le asignó el nombre de «Eugenia Zerpa, gerente general de la FCU Universidad Nelson Mezerhane», preguntó si la educación sería pública o privada en sus gobiernos. Roberto Hernández Montoya aseguró que en su gobierno la educación iba a ser tan privada que los jóvenes quedarían privados de educación. Acusó a Jorge Vásquez de robarle un autobús Leyland y exigía que se devolviera.
Según dijo Pedro Carvajalino, en el mundo de paz, bienestar y progreso había funciones delimitadas para el Estado. Añadió: «La idea del autobús del progreso contempla que cada uno tendrá las oportunidades que la derecha les permita. Es decir, que la educación está circunscrita al tea de que si nosotros queremos o no que personas de bajo estrato social…». Se le terminó el tiempo y su micrófono fue silenciado.
Roberto Malaver expresó: «Lo importante no es que la educación sea pública o privada. Lo importante es que haya paz, progreso y justicia. Porque si hay paz, progreso y justicia, hay educación. ¿Para qué vas a querer educación? Tú (señalando a Hernández Montoya). Cuando tú fuiste gobernador, aquí no hubo nada de eso (…). Si logramos la paz, la justicia y el progreso, uno dice "Bueno, ¿y para qué quiero educación? Si estoy en paz"».
Carola Chávez se dedicó a burlarse del programa «Muéstrame tu boleta», anunciado anoche por Leopoldo López: «Yo no estoy de acuerdo con que se estén mostrando las boletas porque tu boleta es tuya y nadie te la puede quitar. Eso no tiene nada que ver con el capitalismo popular, yo no estoy de acuerdo con eso. Yo veo una universidad donde los 47 millones de perrocalenteros que viven en este país, desempleados, puedan estudiar ciencias "perrocalientísticas" en una universidad de calidad, privada, como debe ser. Que luego salgan a la calle preparados para servir perros calientos dignos de un país que mira al futuro, no se deja someter, no se arrodilla. Un país que come perros calientes parados de pie».
Jorge Vásquez sostuvo que en Miranda saben construir escuelas, pero con techos de zinc donados por Richard Mardo: «Esos niños no van a la escuela ya que se la pasan tomando caña que les da este candidato. Este señor que dice que la educación es primordial, es primordial en su campaña, no está de acuerdo con eso. Un señor que no se roba ideas pero se las apropia (…). Lo que puedo decir es que yo todavía tengo las llaves de mi camión. La tengo. Y cuando sea presidente, cada niño que tenga su boleta de Tradición, Familia y Propiedad, tendrá su llave de camión. Si se gradúa, tendrá la llave del camión».
Esta tónica de los «personajes» se mantendría a lo largo del debate, que duró hasta las 7:30 pm.
Los minutos finales del programa contaron con el periodista Alberto Nolia, quien dijo que el «debate» hecho en el canal del estado se pasó de serio y contenía ideas más profundas que el celebrado anoche en la sede de la UCAB. Se burló de Diego Arria, cuando dijo que había quedado «soñado» después de haberse sometido a una cirugía plástica en Brasil, con el doctor Ivo Pitanguy. Agregó que, en la IV República, alguien como Diego Arria quedaba solo para hacer chistes porque era un brincador de talanquera: «Estuvo robando en el primer gobierno de Caldera, en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, brincó la talanquera y montó su propio partido que se llamaba "Causa Común". Sacó un diputado que costó US$ 6 millones. Lo llamaban "el diputado biónico" porque le costó US$ 6 millones de aquella época lograrlo».
Dijo, en general, que en lo peor de la IV República no se le habría ocurrido a personajes como Leopoldo López, Henrique Capriles o María Corina Machado se les habría ocurrido lanzarse a la presidencia. De Machado, en particular, dijo: «¿Por qué llora esa señora que debería estar todos los días dándole gracias a la vida por lo bien que la ha tratado?». Y señaló: «Nada indica más claramente el nivel en que se ha degradado la política —por lo menos en un bando— que el nivel de esos premajunches». Dijo que entre los no venezolanos chavistas seguro había personas con más calidad y nivel intelectual y ético que cualquiera de los 5 precandidatos.
Alberto Nolia comentó que había que escarbar muy profundo en un estercolero para encontrar a alguien de la ralea de Diego Arria. «Lo asesoraron muy bien para que dijera eso de la Corte Penal Internacional de La Haya, porque él estaba empeñado en decir que era la Corte Penal de "La Haiga", pero por lo visto a lo mejor fue el mismo Ramos Allup el que le enseñó que tenía que decir "La Haya" y no "La Haiga"».
Además, Nolia dijo: «Es la encarnación de la cursilería. Una persona con el pelo ahuecado, teñido, con 18 cirugías en la cara. Aquí un hoyuelo que se le forma en la barbilla originalmente era el ombligo, que de tantos estirones que le dieron le vino a quedar en la quijada. ¿Cómo un personaje de esos pude presentarse como premajunche? (…) Pobrecitos los señores que son escuálidos de buena fe, ellos se merecen una cosa mejor. No esos residuos, esos despojos de la morgue que tienen».
No fue lo único que Alberto Nolia diría de Diego Arria, de quien dijo que era «un personaje de sainete». También señaló al precandidato como «el consejero social de Cecilia Matos cuando Carlos Andrés Pérez fue electo la primera vez. Diego Arria se la llevó a París a enseñarle que el tenedor se agarraba con la izquierda y el cuchillo con la derecha; ese tipo de cosas elementales pero que esta señora no las conocía para aquel entonces. Ese es Diego Arria».
Según Alberto Nolia todas las encuestas señalan que Hugo Chávez tiene un altísimo nivel de aceptación y un igualmente alto nivel de intención de voto en un momento en que ni siquiera están definidos los candidatos que se le van a enfrentar: «Eso indica que, electoralmente, a Hugo Chávez no hay manera de que lo derroten».
Nolia aseguró que en las elecciones primarias ocurrirá lo mismo que en las elecciones de Voluntad Popular, «que votaron creo que 65 mil personas (…). En estas primarias va a votar muy, muy poquita gente (…), los escuálidos más duros, más recalcitrantes, los más antichavistas, los que sienten más odio por los logros que se están alcanzando en estos años».
El periodista invitado dejó por sentado que la diputada María Corina Machado iba a sacar provecho económico de su candidatura, «Esa martilla por allá [el Country Club] y saca real porque a esa gente que tiene tanta plata cómo le gusta sacar plata adicional».
Según Alberto Nolia, los dos candidatos con posibilidad de ganar las elecciones primarias son —en este mismo orden— Pablo Pérez y Henrique Capriles Radonski. «Y para ganar en esas primarias tienen que mostrarse como verdaderos energúmenos. Ellos son bastante cavernícolas pero tienen que presentarse como si todavía fueran peor de lo que realmente son» (VTV en vivo).
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