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viernes, 25 de mayo de 2012

ANÁLISIS. Venezuela-Colombia: Los costos del pragmatismo bilateral

Venezuela-Colombia: Los costos del pragmatismo bilateral
Los presidentes Juan Manuel Santos y Hugo Chávez se han entendido muy bien y han llegado a ser "los nuevos mejores amigos" de Suramérica. Por supuesto, no se trata de un amor puro, sino más bien del más descarado pragmatismo. No nos engañemos  con las zalamerías entre ambos, en particular las de Santos quien ha llegado a afirmar que Chávez constituye "un factor de estabilidad" para Venezuela y la región, declaraciones innecesarias, sesgadas y  poco diplomáticas que le valieron merecidas criticas en los dos países.

Es de reconocer que  este entendimiento pragmático ha facilitado la recuperación  diplomática y el mejoramiento binacional, en particular en materia comercial aunque las relaciones  no han llegado al nivel de excelencia de años anteriores, incluso en la mayoría del gobierno de Uribe.  Con ellas, Santos  al menos ha logrado el pago de buena parte de lo que se le adeudaba a los exportadores colombianos, la suscripción de un acuerdo para regular las transacciones comerciales, así como un leve mejoramiento en la cooperación  policial y militar y, por tanto, en la captura y entrega de narcotraficantes, contrabandistas y guerrilleros.

El pedido de ayuda de Santos a Chávez, tras el más reciente ataque de las FARC en la frontera en que murieron 12 militares y la inmediata respuesta de éste, con el envío de 3.000 militares, es una muestra de esa colaboración en materia seguridad, aunque ésta no ha sido permanente ni profunda.  

Chávez, por su parte, ha logrado menos que su vecino pero sí algo que le es esencial a su proyecto de poder: la paralización de la investigación en la OEA y el envío a la ONU de las evidencias de sus nexos con la narco-guerrilla recabadas por el gobierno de Uribe.

Pero toda relación pragmática tiene sus costos y estos ahora es que están saliendo a flote. Uno de los peores es la creciente evidencia de que Venezuela se ha convertido en paraíso del narcotráfico y refugio de terroristas, lo que viene denunciando no sólo Uribe y exchavistas delincuentes como Aponte Aponte, Velásquez Alvaray y Makled, sino el actual  ministro de la Defensa y el comandante del Ejército colombiano. También una reciente investigación de la Corporación colombiana Nuevo Arco Iris señala que,  además del narcotráfico, el contrabando, las FARC y el ELN, en la larga y desamparada  zona fronteriza se incrementa alarmantemente la actuación del crimen organizado transnacional.

Toda esta situación no sólo repercute en la estabilidad y seguridad de Colombia, sino en la de toda América Latina. (El Universal)

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