viernes, 25 de noviembre de 2011

Programas de Opinion

Programas de Opinión

Aló Ciudadano

Fernando Egaña: Ojalá no se repita la historia del Plan Bolívar 2000 con la repatriación del oro / No fue mal negocio mantener las reservas de oro fuera de Venezuela / No se puede hablar de logros sociales cuando se tienen 20.000 muertos al año / Un país con 20.000 homicidios al año está atravesando por una catástrofe humanitaria / En una encuesta, el lector debe saber quién pagó la encuesta / El debate no es entre los aspirantes opositores sino con el presidente Chávez / Hay que promover la polarización en la campaña y señalar los fallos en la gestión del gobierno / La variable oncológica sigue siendo un misterio para la opinión pública / Esto no es un gobierno cualquiera sino un proyecto de dominación

 

Dando y Dando

Jesús Farías: El gobierno repatria el oro porque «nosotros cuidamos mucho mejor ese oro porque nos pertenece» / «Vamos a construir una nueva arquitectura financiera para América Latina, para el desarrollo» / «Ningún país con reservas en oro mantiene en estos momentos sus reservas fuera de su territorio nacional»

 

Aló Ciudadano (Resumen)

Fernando Egaña

El analista político y exministro Fernando Egaña abordó varios temas de la realidad venezolana, empezando por el operativo con el que hoy fue repatriado un primer lote de reservas de oro de Venezuela. Egaña dice que ese acto le recordó el día que fue lanzado el Plan Bolívar 2000, a comienzos de 1999. Ese plan fue lanzado con una gran ceremonia en Los Próceres, con camiones y tractores desfilando, porque se iba a redimir la patria de sus problemas. Hoy, casi 13 años después, ese plan terminó sepultado en montañas de corrupción. El invitado manifestó su deseo de que esa historia no se repita con los lingotes de oro repatriados.

 

Para Egaña, esta repatriación puede obedecer al deseo por parte del gobierno de evitar que estas reservas no operativas sean utilizadas como garantía ante la cantidad de arbitrajes que la nación encara y que puede perder. Hasta ahora, se sabe que están repatriando reservas por un valor de US$ 11.000 millones. Con esa cifra por delante, Egaña considera que hay que preguntarse cuánto de la riqueza del país ha sido expatriada de Venezuela. Cree que probablemente el valor de lo expatriado llegue a unas 15 veces el valor del oro repatriado.

 

El invitado comentó que estas reservas necesitan ser certificadas pues eso le da credibilidad a la opinión del gobierno en cuanto al monto de las reservas internacionales. Aparte de lo anterior, Guillermo Egaña sostiene que, desde el punto de vista de valor económico, no fue mal negocio que las reservas se mantuvieran en Inglaterra y no fueran dilapidadas en Venezuela. Ello, porque el valor de esas reservas se ha incrementado por el aumento del valor del oro en los últimos años.

 

Con ese acto, como con otros muchos actos, Hugo Chávez hace lo que siempre ha hecho desde 1998: campaña electoral constante, permanente, con la utilización de los recursos financieros, políticos, militares, institucionales, sociales y comunicacionales del Estado en función de la campaña permanente y proselitista. Eso forma parte de la desnaturalización de la democracia venezolana, al decir de Egaña.

 

El invitado acota que con el régimen de Hugo Chávez está pasando algo parecido a lo que ocurría con el régimen de Fidel Castro: los críticos del líder cubano decían que su gestión había sido un desastre en muchas cosas pero se le reconocían logros en el área social. Ahora se ha sabido que esos logros han sido pura pirotecnia mediática y lo que ha habido es regresión en esa área.

 

Algo parecido ocurre cuando se analiza la revolución bolivariana: se le reconocen sus logros en la dimensión social, lo cual es —para Egaña— una dimensión errada, pues es en las dimensiones sociales de la gestión venezolana donde los resultados han sido más gravosos para el país, comenzando por el problema de la seguridad personal. Venezuela ha vivido una explosión de violencia criminal, muy imbricada con el tipo de régimen que tenemos. No se puede hablar de logros sociales cuando se tienen 20.000 muertos al año.

 

En la década de los 90, el promedio de muertes violentas en el país estuvo entre 2.500 y 4.500. Esa cifra se ha incrementado exponencialmente hasta rozar los 20.000 homicidios, según cifras de organismos independientes. Eso ha ocurrido en el periodo en que la revolución bolivariana se ha enseñoreado en el poder. Para Egaña, este hecho no es casual sino causal.

 

Así, entre las causas de esa alta criminalidad el invitado menciona la impunidad; la destrucción de la capacidad de cooperación de las fuerzas policiales, donde un cuerpo de seguridad del Estado se niega a colaborar con una policía regional en manos opositoras; el discurso político y el mensaje que se comunica a la población de que determinadas acciones delictivas están amparada por razones de tipo social, lo cual es inadmisible.

 

De acuerdo con el invitado, la inseguridad es un paralizante. Se puede salir de noche en cualquier ciudad de Venezuela para apreciar el efecto de la situación de parálisis: son ciudades muertas, que han perdido su alegría. Un país con 20.000 homicidios al año es un país que, en materia de seguridad, está atravesando por una catástrofe humanitaria.

 

Pasando al tema de la campaña electoral, Fernando Egaña advierte que muchas de las encuestas deben ser recibidas a beneficio de inventario. El problema de la credibilidad de las encuestas no es solo problema de las empresas encuestadoras sino de los medios de comunicación.

 

Según refirió Egaña, el diario El País, al comienzo de su manual de estilo, impone una obligación en el trato de las encuestas. Esa obligación es el primer derecho del lector de conocer, y por tanto, el deber de los medios de informar quién paga la encuesta. Si aparece una determinada encuesta donde gana un determinado precandidato y esa encuesta es pagada por el comando de campaña del candidato favorecido, ese dato debe ser conocido por el público porque puede suponer una implicación en los resultados de la encuesta.

 

Ocurre que muchas empresas encuestadoras no dan esa información y muchos medios tampoco la piden. Es un problema conjunto que debe ser tomado en cuenta de manera seria y urgente, pues pronto vamos a ir a una campaña seria y asimétrica, si las hay.

 

Egaña insiste en que es un tema que hay que ver con mucho cuidado. El ciudadano, el usuario de los medios, el lector, la persona a quien se dirige una encuesta, tiene el derecho de saber quién pagó esa encuesta. Eso, fundamentalmente, para tener una idea más clara acerca de la naturaleza y el alcance de esos números.

 

En cuanto a los procesos políticos involucrados en la campaña de oposición, Fernando Egaña no cree que las tendencias en las posiciones de los precandidatos sean irreversibles, sobre todo cuando las elecciones primarias van a ser en febrero. Las proyecciones son unas, sin duda, y eso no se puede ignorar. Pero que sean un hecho consumado y definitivo, a la luz de la experiencia política en Venezuela y otros países, no es cierto.

 

Fernando Egaña señaló lo planteado hoy por el comunicólogo Oscar Lucien en El Nacional, cuando señaló que el debate, la contienda no es entre los aspirantes a la candidatura del sector democrático. El debate es con el oficialismo, con el presidente Chávez, con el tipo de gobierno que él encarna.

 

Algunos mercadotécnicos han ido convenciendo a sectores muy importantes de la opinión pública que la polarización con Hugo Chávez es negativa porque siempre lo favorece política y electoralmente. Eso es un gran error porque, ciertamente, la polarización con Chávez lo favorece, pero porque está planteada en los términos que el oficialismo quiere colocar.

 

¿Cuál es la dinámica de la polarización oficialista? Ricos contra pobres. En esa dinámica, el polarizar siempre será positivo para el oficialismo. Pero eso no significa que la polarización per se sea un error. Puede ser un acierto si se hace en términos desfavorables para el oficialismo, pero debe hacerse porque una campaña electoral es una contienda política por excelencia, lo cual significa un contraste, una confrontación cívica, pero confrontación al fin. Esa confrontación tiene que darse porque si no, no se aprecia la alternativa y el por qué una opción es mejor que otra.

 

Dentro de ese marco, el ataque a Chávez no tiene por qué ser un ataque de carácter personal, que se tenga que concentrar en la persona de un individuo. Ese ataque tiene que concentrarse en los resultados, en la gestión, en las posibilidades de futuro —o mal futuro— que tendría Venezuela si lo que tenemos ahora durara 6 años más. Ahí tiene que darse el contraste para que el «ni-ni» pueda tomar una decisión.

 

Venezuela tiene hoy en día un problema muy severo de escasez, desabastecimiento, carestía y racionamiento en la distribución de alimentos. Las colas en cualquier ciudad de Venezuela para comprar leche o café son consecuencia del racionamiento. Cuando hay cola en un sitio, es porque hay racionamiento derivado de escasez y carestía.

 

En Colombia, país vecino, no se ve nada de eso. Tampoco en Brasil, ni siquiera en las poblaciones brasileñas más cercanas a la frontera con Venezuela. Aquí se ha creado un enjambre de leyes y organismos que, en vez de ayudar y facilitar la producción, la distorsionan y dificultan. Y ahora, por si no fueran suficientes los fiscales del Indepabis, del INTI, del Seniat y los organismos laborales, ahora tenemos los fiscales de la superintendencia de costos. Eso significa que la crisis que ya teníamos de escasez y racionamiento se va a agravar.

 

Desafortunadamente, el hecho de que esta política delirante de hipercontrolar la economía sea la razón principal del racionamiento, la escasez, el desabastecimiento, no es visto así. La maquinaria roja, muy intensa y eficaz, proyecta la culpa en el especulador, el acaparador, el comerciante, el empresario, el Imperialismo: «Nosotros estamos combatiéndolos a ellos en defensa del pueblo». Ese argumento, repetido muchas veces, también rinde frutos políticos.

 

Hay elementos que —como lo detalla el invitado— dan una gran fortaleza a un régimen como el de Chávez frente a cualquier desafío electoral porque tiene un control férreo sobre el sistema electoral, pues dicho sistema está configurado para favorecer a una parcialidad política. También tiene el control de todos los recursos del Estado, la producción de leyes, los recursos financieros y todo lo que sea expresión del poder estatal.

 

Es posible derrotar esa realidad, pero para eso se necesitan varios factores. Uno: saber que esa realidad está enfrente y calibrarla debidamente. Dos: unidad, indudablemente. Esa unidad se debería consolidar después del 12 de febrero del año próximo. Tres: las ganas de contender, hacer de la campaña una contienda nacional para que la opinión pública y los indecisos sepan que sí hay un camino diferente y mejor que el actual.

 

En cuanto a la enfermedad del presidente como factor de peso en las encuestas, Guillermo Egaña afirma que la variable oncológica sigue siendo un secreto misterioso para la opinión pública, porque sabemos que existe pero desconocemos su dimensión. Esa variable es quizá la más importante.

 

Egaña advirtió que esto no es un gobierno cualquiera sino un proyecto de dominación. No nos enfrentamos a un gobierno con ciertos márgenes de popularidad, sino a un proyecto de dominación que ha enjaulado a la institucionalidad del Estado y a la sociedad venezolana. El desafío que presenta enfrentarse a un proyecto así no es igual al desafío que supondría enfrentarse a un gobierno en particular.

 

Tomando en cuenta lo anterior, el invitado comentó que quisiera creer que la FANB sigue siendo fiel a su tradición de respeto de los resultados electorales. Pero hay elementos que lo llevan a pensar que en ciertos niveles superiores —el generalato, sobre todo— no tienen esa disposición. Por tanto, Egaña espera que en el conjunto de la FANB haya una visión distinta y la conciencia de que lo que les corresponde históricamente es defender la Constitución antes que a cualquier proyecto personalista (Globovisión en vivo).

 

Dando y Dando (Resumen)

Jesús Farías

El economista y diputado a la AN, Jesús Farías, aseguró que la repatriación a Venezuela de las reservas de oro es la reversión de la sumisión a los intereses del capital transnacional, que se había activado durante los últimos años del gobierno de Jaime Lusinchi y vino a afincarse en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez.

 

¿Por qué el gobierno trae a Venezuela sus reservas en oro? Farías ve tres razones para ello: «En primer lugar, porque es nuestro, y nosotros cuidamos mucho mejor ese oro porque nos pertenece. En segundo lugar, porque hay una crisis profunda del capitalismo y que tiene una vertiente financiera muy acentuada. En cualquier momento quiebran esos bancos que tienen como custodia el oro y no se sabe qué pasará (…). Y, en tercer lugar, porque el Imperialismo siempre ha chantajeado a los pueblos que se rebelan, siempre ha chantajeado a los procesos de liberación nacional con sanciones, con embargos, incluso con confiscaciones. Y nosotros no podemos ponerles en bandeja de plata la posibilidad para que ellos nos vengan a chantajear».

 

«Y además, vamos a construir una nueva arquitectura financiera para América Latina, para el desarrollo, no para la especulación. Y para ello necesitamos todos los recursos a la mano en función de darle mucho impulso a ese proyecto integracionista. Todo eso se resume en el ejercicio de la soberanía, todo eso se explica por los cambios que se están dando en el país. Todo esto es posible en buena medida porque hay un presidente como el Comandante Chávez».

 

Según dijo el diputado, cuando comenzó a plantearse la posibilidad de traer a Venezuela el oro de la nación, los diputados opositores «con posiciones entreguistas» criminalizó esa decisión, con el objeto de causar daño al país ante los mercados internacionales. «Afortunadamente, eso no prosperó pero se generó una confrontación abierta. Ellos entregando los intereses del país y el pueblo, con su partido y el comandante Chávez, encabezando todo esto, restableciendo el orden, restableciendo la soberanía en relación a las reservas internacionales».

 

Farías añadió: «Ningún país con reservas en oro mantiene en estos momentos sus reservas fuera de su territorio nacional (…). Aquí están mucho más seguras y cumplirán con la función que vienen desempeñando la reservas internacionales que, por cierto, estos señores que tanto nos critican de que no tenemos reservas internacionales, bueno, tienen niveles de 28.000, 29.000 millones de dólares. Además tenemos fondos que se han venido abultando precisamente por el uso responsable de los recursos que obtenemos del petróleo» (VTV en vivo).

--
Monitoreo by